lunes, 5 de octubre de 2009

Cada pequeño gesto

En medio de todo aquello me encontraba, ni muy cerca del mar ni muy cerca de las rocas que separaban la arena de un larguísimo paseo, quería sentir mi soledad
acompañada del sutil susurro de las olas y la irrevocable presencia de las rocas.
No debía haber nadie aquella noche por allí y pese a eso el perro,
mi única compañía sentía la inseguridad del acecho inminente. Las estrellas se dejaban caer sobre aquella noche enigmática y excitante desenvolviendo la leyenda
de miles de personas que al igual que nosotros en ese preciso instante las observaban; miles de almas y aun así una única sensación, la fugacidad de una mirada al cielo se hacía interminable.
La preocupación, de donde vengo, ya no era sino puramente protectora; amparada por la subestimación.
mi compañía ha mudado en tranquilidad, debe haber comprendido la situación y aun así continua con el cuerpo alerta y su subconsciente totalmente entregado a mi,
la soberanía de nuestra simbiosis es incuestionable.
Eramos los reyes, capaces de todo, dueños del sol. Cada día subíamos al trono y al rato nos sentíamos esclavos.
Cada momento era un caos, pero la solución subyacía en cada rincón.
el suelo desaparecía cada vez que llovía, y con la sutileza de un golpe de muñeca el vil metal era capaz de resultar en armonía.
Cada esquivo movimiento, cada letargoso perecer, cada acto heroico... ejercían, a su manera, una fuerza más que debastadora y atrayente hacia la realidad.
Cuando algo desaparece, alguna cosa, un pequeño estremecimiento y sientes; comprendes su verdadera función, enorme frustración.
la seguridad era tal que podías andar sin necesidad de tocar el suelo. La mirada de aquellos que ni siquiera se molestaron en hablar resbalaba por hombros que nunca tuvieron que soportar peso. Un ligero barniz lo cubría absolutamente todo, el remordimiento quedaba reducido a episodios desconocidos de un ciclo sin comienzo.
Eramos los únicos capaces de reir y dejar caer una lágrima simultaneamente y sí, eramos conocidos por ello.
La huella que dejábamos en la gente en ocasiones levantaba la peor de las envidias y esto, terminó por hundirnos, teníamos tantas razones para dejarlo todo atrás... un lugar vacío y un garage en el que no cabían más frustraciones.
Cuando todo parece tan normal es cuando debes tener miedo, ves a las personas practicar movimientos esquivos en busca de una oración en el sentido equivocado y tras ellos un ventrílocuo con artes envaucadoras. Sufro desgracias inapelables y no espero nada sino un gesto de los que me cruce por la calle, ellos siempre comprenderán la paradoja de retener para sostener y verborrear por haber retenido.
Cuantas veces hablo conmigo y me digo que no merezco más de lo que yo mismo haya logrado, y de esa manera logro subsistir donde un buen trabajo no es admirable sino despreciable y un trozo de tela puede suponer tu muerte.
Y la existencia terminó por convertirse en algo superfluo, efímero; El superlativo de la mediocridad hecho consecuencias...

A.G.G.

4 comentarios:

  1. Me gustaría preguntarte por cada uno de los textos, por lo que lo provoca, saber de verdad cómo te sientes por dentro para escribirlos...
    Porque conmigo no van las sutilezas.


    Fdo.: Khronos.

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  2. Wow, love it!
    Siempre me ha encantado tu forma de escribir.

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  3. me lo he leido enteroo qu lo sepas alexander, me gusta mucho!
    pero lo que mas la foto jaja ya lo sabes!
    bueno al parecer ya no somos solo tu madre y yo las que leemos tu blog no? ja un besito,
    CAMARÓN.

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  4. Siempre me ha gustado como escribes! Podrias dedicarte a esto... me gustaria preguntarte cómo te sientes de verdad!

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